No hay un tiempo fijo para un proceso de terapia. Depende de qué tan constante sea el trabajo conjunto, y de que la persona ponga en práctica las herramientas que se trabajan en sesión, no solo dentro del consultorio, también en su día a día. Mi meta siempre es lograrlo lo más rápido posible, sin forzar un ritmo que no es real.
Por qué no existe un número mágico de sesiones
Cada persona llega con una historia distinta, y la raíz emocional detrás de un mismo síntoma puede ser completamente diferente de un caso a otro. Alguien que lleva meses cargando algo sin nombrarlo necesita un proceso distinto al de alguien que busca ayuda apenas empieza a sentir el peso. Prometer "en X sesiones vas a estar bien" sería una promesa vacía. Así no es como trabajo.
Lo que sí depende de ti
Lo que más acelera un proceso es lo que pasa entre una sesión y otra: si las herramientas que trabajamos se quedan solo en el consultorio, el avance es más lento. Cuando se llevan a la vida diaria (a la conversación con la pareja, a cómo se responde en casa), ahí es cuando el cambio empieza a sostenerse solo.
Al final, la terapia se trata de dejar de repetir el mismo problema una y otra vez sin verlo venir, no de llegar a una fecha límite.