Una sesión individual de terapia psicológica cuesta Q400, y una de pareja Q650, y se paga por transferencia. Si el presupuesto no alcanza para la tarifa completa, se puede conversar y ajustar el costo. Nadie se queda sin atención solo por el dinero.
Por qué el precio no es igual para todos
El precio de lista existe, pero se ajusta cuando hace falta. Hay pacientes que preguntan por el costo antes que cualquier otra cosa, y es una pregunta válida, no un obstáculo. Cuando la tarifa completa no calza con el presupuesto de alguien, se conversa directamente y se busca un número que funcione para ambos: lo que se busca es que la persona reciba la ayuda que necesita, sin forzar el cobro más allá de lo que puede pagar.
Lo que el precio no incluye
Q400 o Q650 pagan el tiempo y el acompañamiento de la sesión —no una promesa de resultados en un número fijo de sesiones, ni resultados asegurados de antemano—. Cada proceso avanza distinto, según cuánto se trabajen las herramientas también fuera del consultorio.
La experiencia acompañando a personas y familias en Ciudad de Guatemala dice algo simple: quien pregunta por el presupuesto a tiempo, casi siempre encuentra la forma de empezar. Esa conversación, más que el número final, es la que abre la puerta.