El burnout casi nunca llega en un solo día, y tampoco el desgaste que deja en el matrimonio. Empieza con un cansancio que ya no se va el fin de semana, sigue con las ganas de conversar que empiezan a faltar, y termina en una pareja que convive bajo el mismo techo pero ya no se acompaña.
En consulta lo escucho seguido: cero energía para las conversaciones que antes sí tenían espacio en el día, irritabilidad frente a cosas pequeñas que antes ni se notaban, y esa sensación incómoda de estar cumpliendo en la relación en vez de elegirla.
La carga de trabajo pertenece a decisiones de tu empleo, y esas no las resuelvo yo en el consultorio. Ahí, presencial en Guatemala o en línea, trabajamos otra cosa: que esa carga no termine convertida en distancia con tu pareja. Suele empezar por algo simple, decir en voz alta que estás agotado, antes de que ese agotamiento se acumule en silencio y termine explotando donde menos lo esperabas.