Cuando alguien me pregunta por qué elegir un psicólogo con 28 años de trayectoria en vez de uno recién egresado, la respuesta corta es que la experiencia acorta el camino. Después de tantos años acompañando matrimonios y familias en Ciudad de Guatemala, en la primera sesión ya reconozco problemas que a otros les toma meses identificar.
De dónde viene esa base
Mi camino en psicología empezó en la Universidad Rafael Landívar. De ahí salió una beca de la OEA que me llevó a Estados Unidos a especializarme en el trabajo con niños con parálisis cerebral, y una tesis sobre la dinámica funcional de los padres que terminó ganando la medalla a la mejor tesis de mi generación — el punto de partida de mucho de lo que hoy aplico con matrimonios y familias.
Antes de dedicarme de tiempo completo a esto, pasé por Recursos Humanos, por educación especial formando papás y maestros, y por proyectos comunitarios con jóvenes en riesgo. Cada etapa me enseñó algo distinto sobre cómo escucha una persona cuando de verdad necesita ayuda.
Lo que hay detrás del currículum
Ejerzo la psicología clínica desde 1998. Esos años son los que me permiten, en la primera sesión, distinguir si un conflicto de pareja es en realidad un problema de dinero sin resolver, o si la rebeldía de un adolescente esconde una tensión entre los padres que nadie ha nombrado todavía. Es el patrón que se repite después de acompañar a cientos de familias.