Cuando una familia queda separada por la migración, la distancia física no tiene por qué significar que los vínculos se rompan. Pero sí exige trabajar de forma distinta la comunicación, la culpa y las expectativas que quedan sin decirse entre quienes se fueron y quienes se quedaron.
Lo que suele quedar sin nombrar
Casi siempre aparece la culpa de quien se fue, por no estar presente en el día a día de hijos, padres o pareja. Del otro lado suele haber resentimiento en quien se quedó, aunque entienda las razones detrás de la decisión. Y en medio de los dos, las expectativas económicas terminan ocupando el lugar de la cercanía, como si enviar dinero fuera suficiente para sostener el vínculo.
Cómo se trabaja en terapia familiar a distancia
La terapia en línea permite que distintos miembros de la familia participen desde donde estén (algunos desde Guatemala, otros desde el país donde migraron) en la misma conversación. La terapia familiar a distancia no busca revisar si la decisión de migrar fue correcta. El foco está en lo emocional que quedó pendiente entre quienes hoy viven lejos unos de otros.
Con el tiempo y el compromiso de las partes, es posible reconstruir una comunicación honesta, aunque la distancia siga siendo la misma.