Cuando los suegros opinan de más en el matrimonio, el problema real casi siempre está un paso antes: en que la pareja todavía no se ha puesto de acuerdo, entre ustedes dos, en dónde está el límite.
Por qué se complica poner límites a la familia política
A cada quien le cuesta más poner el límite con su propia familia: hay lealtad, culpa, y a veces miedo a herir a un padre o una madre. Cuando uno de los dos no logra hacerlo, el otro termina peleando esa batalla solo, y ahí es donde el resentimiento crece.
Cómo poner el límite sin romper la relación
Lo primero es acordar el límite en pareja, antes de comunicarlo afuera: si los suegros sienten que hay una fisura entre ustedes dos, van a seguir intentando por ese lado. Después, conviene que sea quien es hijo o hija de esa familia quien lo ponga —se recibe distinto viniendo de la propia sangre, y evita que el yerno o la nuera cargue con el rol de "villano". Un límite bien puesto, además, deja espacio para seguir queriendo a la familia política mientras se protege el espacio de la pareja.
Lo que sostiene a una pareja fuerte es que sepan decidir juntos, como equipo, qué entra y qué no entra a su matrimonio —más allá de cuánto se meta la familia de cualquiera de los dos. Eso lo veo repetirse caso tras caso.